
Era la noche del reencuentro, con tranquilidades encima, sin histerias, con certezas, sin urgencias. Volvía la Selección a jugar ante su gente, en el Monumental, ahora ante Perú, en la última parada de local en estas Eliminatorias rumbo a Brasil 2014. Y lo hacía el equipo de Alejandro Sabella con la clasificación asegurada. Y con ciertos retoques en la formación. No en el sistema, claro. Porque el técnico decidió mantener el 4-3-3 para recibir a un rival diezmado por las lesiones y sin grandes motivaciones a la vista, alejado de la chance de ir al Mundial y con el nombre de Ricardo Gareca asomando en el nuevo proyecto para iniciar en enero el ciclo posterior al de Sergio Markarian. Pero sí lo hacía el seleccionado, en cambio, con otros nombres por esas cuatro ausencias notorias. Banega, Biglia, Lavezzi y Palacio por Gago, Mascherano, Messi e Higuaín. Con el regreso de la defensa titular, esa que no pudo exhibir Argentina en la fecha anterior, en su visita a Paraguay, cuando atrapó el boleto a la Copa del Mundo con un lapidario 5-2.